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El riesgo de comer pescado

Imagen: Pescadería en el Mercado Central de Atenas | Alex Basha

Cada año, fishcount estima que entre 0,97 y 2,7 trillones de peces -sin incluir los que provienen de piscifactorías- son capturados para convertirse en alimento humano, y esto representa, según la revista Forbes, casi el 40% de todos los productos animales consumidos a nivel mundial -superior al de la carne de cerdo, vaca o pollo-. Además, se prevé que la demanda de comida animal que proviene del mar se duplique en las próximas dos décadas y, a este ritmo, la fauna marina podría desaparecer por completo en 2048, como calculó en 2006 un estudio realizado por Science.

Es difícil imaginar un mundo sin peces, pero los hechos no mienten y la tendencia está en alza. Sin embargo, no solo debemos considerar las graves consecuencias ecológicas que supondría este hecho, pues el consumo de pescado también presenta riesgos nocivos para nuestra salud. Para que se entienda: las personas que disfrutan de una comida a base de pescado o marisco también están degustando los ‘maravillosos beneficios’ de los metales pesados como el mercurio, las dioxinas policloradas, los compuestos plásticos, hexaclorobencenos, retardantes de llama bromados o los PCBs.

Por suerte, existe un número creciente de alternativas saludables a base de plantas que no solo son sabrosas, sino que suponen un respiro para el medio ambiente y la salud de las personas. Sería absurdo introducir en nuestra dieta estos animales por ambas cuestiones: por el bienestar del planeta y porque no aportan nada bueno a nuestra salud, más bien al contrario.

Por qué comer pescado es perjudicial para la salud

En el mundo, son muchas las personas que dependen del pescado como fuente principal de alimento y su salud depende, a su vez, de la salud del mar. Hay evidencias que muestran que la ingesta de peces presenta graves riesgos para la salud humana por la contaminación química y los metales pesados que se encuentran en el ecosistema marino y en su fauna. Esto se debe a la acumulación de sustancias xenobióticas, elementos contaminantes que no deberían de estar presentes en el medio, que los peces ingieren o absorben, a través de su entorno, antes de su captura.

Si bien, en los últimos años, la presencia de mercurio en las especies de pescado y marisco más demandadas ha inquietado notablemente a la población que consume estos animales, en la actualidad otro tipo de contaminante está preocupando a los investigadores. Este elemento tóxico que se encuentra en algunos peces, los retardantes de llama, y en particular, los bromados, se emplean en textiles, muebles, plásticos, aparatos electrónicos y otros elementos de construcción como químico para reducir la combustión y disminuir el riesgo de incendio. Pese a que todos estamos expuestos a este compuesto a través de algunos aparatos electrónicos, la gran parte de estos Contaminantes Orgánicos Persistentes (COPs o POPs en inglés) que se encuentran en el cuerpo humano proceden del consumo de pescado, marisco y otros animales, incluso cuando son una pequeña parte de la dieta. También se pueden hallar en la carne y en los productos lácteos contaminados.

Lonja de pescado
Pescadería en el Mercado Central de Atenas | Fotografía: Alex Basha

Qué son los Contaminantes Orgánicos Persistentes (COP)

Los COPs son sustancias químicas bioacumulativas que pueden desplazarse a gran distancia de sus fuentes de origen y se denominan persistentes porque no son biodegradables. Algunos como el hexaclorobenceno o las dioxinas policloradas –una de las sustancias más tóxicas conocidas por la ciencia y clasificada como cancerígena para la salud por el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC) de la Organización Mundial de la Salud-, se acumulan biológicamente en un organismo -en sus tejidos grasos- y se incrementan a medida que avanzan en la cadena alimentaria. De esta misma forma, otros compuestos similares como los bifenilos policlorados (PCB) -productos químicos industriales que se fabricaron desde 1929 hasta su prohibición en 1979-, continúan circulando en el aire, agua, suelo y sedimentos, donde se asientan y son ingeridos por peces como el salmón y, posteriormente, por los humanos.

La eliminación de estos contaminantes tan dañinos para la salud es fundamental para la protección de las personas más vulnerables que dependen del pescado para subsistir, pero también para la protección del medioambiente. En la actualidad, el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM) lleva otorgando, desde su creación, donaciones a países para que inviertan en proyectos que se dediquen a reducir o suprimir estos contaminantes a través de mecanismos especializados, para evitar que ingresen en la cadena alimentaria. Pese a los esfuerzos realizados por el FMAM y otras instituciones, todavía queda mucho por hacer. Hasta la fecha, la opción más acertada es eliminar o reducir la ingesta de pescado y marisco, siempre y cuando sea posible.

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